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Instituto Nacional de la Mujer

Se cumplen 100 años de la desaparición física de la pianista, cantante y compositora Teresa Carreño

Hoy 12 de junio se cumplen 100 años de la desaparición física de la pianista, cantante y compositora venezolana, Teresa Carreño, catalogada por muchos expertos como la mejor pianista de América Latina durante los siglos XIX y XX, considerando lo inusual de que una mujer de su época se dedicara a esa profesión.

Esta mujer, nacida un 22 de diciembre de 1853 en la ciudad de Caracas, fue bautizada como María Teresa Gertrudis de Jesús por sus padres, Manuel Antonio Carreño, sobrino de Simón Rodríguez, y Clorinda García de Sena y Rodríguez del Toro, sobrina de María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, esposa del Libertador Simón Bolívar, en cuyo honor recibió su nombre.

Deleitó a muchos con sus melodías desde los 8 años de edad en diversos teatros de Nueva York, realizó su primer concierto en público el 25 de noviembre de 1862 en la sala Irving Hall. La crítica fue muy favorable a la artista, hasta el punto tal que, después de este concierto y hasta fin de año, tuvo cinco presentaciones más, en especial su actuación exitosa en la Academia de Música de Brooklyn.

En el otoño de 1863, ofreció un concierto privado en la Casa Blanca invitada por el entonces presidente estadounidense Abraham Lincoln.2 Como Carreño sabía que al Presidente Lincoln le gustaba la música compuesta por su maestro Gottschalk, tocó varias de las piezas de este compositor.

En 1876 Teresa viaja a Boston presentándose como cantante, y conoce al barítono italiano Giovanni Tagliapietra, integrante de la compañía con la que estaba de gira. Se casan el mismo año. De este matrimonio Teresa da a luz a 3 hijos: Lulú (1878), Teresita (1882) y Giovanni (1885) a quienes Teresa dedicó buena parte de su vida y cuya crianza alternó con sus giras y conciertos por los Estados Unidos y Canadá.

Su segunda visita a Venezuela se produce en febrero de 1887, atendiendo a requerimientos artísticos del presidente Guzmán Blanco, que por cierto no tuvieron los resultados esperados por el público caraqueño de la época. Este segundo viaje fue enturbiado por el rotundo fracaso de lacompañía de ópera que trajo consigo y por el comportamiento un tanto licencioso de su esposo. Dicha compañía estaba compuesta por 49 músicos que viajaron con la artista para interpretar una ópera italiana financiada por el gobierno de Guzmán Blanco.

En ambos viajes a Venezuela Teresa tuvo una permanencia de cerca de un año: de modo que en sus 64 años de agitada vida, solo 10 transcurrieron en su país natal. Sin embargo, conservó hasta el final de su vida su identidad venezolana. Venezolana fue en sus costumbres y gustos domésticos, en muchos rasgos de su temperamento y aún en ciertos toques de su inspiración como compositora, en los que se advierten claras reminiscencias del merengue característico de la patria.

En 1917, poco antes de su muerte, prepara una gira por Sudamérica y antes de iniciar el recorrido sale para Cuba, donde, luego de un exitoso concierto con la Filarmónica de La Habana, sufre serios quebrantos de salud por lo que el médico le aconseja que cancele su compromiso artístico y retorne a Nueva York. Allí le diagnostican parálisis parcial del nervio óptico que amenaza con extenderse al cerebro. Le prescriben un reposo absoluto y una dieta. Pero a pesar de haber tomado las precauciones pertinentes, falleció el 12 de junio de 1917 en su apartamento de la Residencia Della Robbia 749 West End Avenue Manhattan, donde en el 2003 se develó una placa conmemorativa.

El ataúd fue llevado en andas por sus colegas Ignacy Jan Paderewski, Mischa Elman, Albert Spalding, Charles Steinway, Ernest Hutcheson, Walter Damrosch, Walter Rothwell, Josef Stránský y Franz Kneisel.

Sus restos fueron incinerados, de acuerdo a su última voluntad. Sus cenizas fueron llevadas a Venezuela en 1938 y desde el 9 de diciembre de 1977 reposan en el Panteón Nacional. En su honor, el principal complejo cultural de Caracas, inaugurado en 1983, lleva su nombre. Cuando sus cenizas llegaron al puerto de La Guaira en el Vapor Santa Paula el Correo de Venezuela decidió emitir una estampilla en su honor, pasando así a ser Teresa Carreño la primera personalidad de sexo femenino que aparecía su imagen una estampilla venezolana.

 

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