Entre 18 y 20 horas diarias trabajaba Anys Durán, una venezolana que emigró a Perú buscando mejores oportunidades, pero lo que encontró fue una realidad adversa, el de la explotación laboral.

Esta joven fue una de las 89 personas que el pasado 28 de agosto regresó a su patria en el vuelo 6051, gracias al apoyo del Gobierno Nacional que impulsa el plan Vuelta a la Patria.

Durán narró en entrevista a la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), que no veía la hora para regresar a su nación, además describió el abuso del que fue víctima en los primeros cinco meses de su embarazo.

“El trato de trabajo al principio fue feo porque ellos exigían, exigían y no pagaban bien, trataban mal, no daban buena comida”, relató en conversación telefónica.

Tomó la iniciativa de emigrar debido a que un grupo de amigos, que estaba planificando su ida a Perú, la incitaron a irse con ellos, “pues supuestamente la economía en ese país estaba bien y el dinero me iba a alcanzar”; no obstante desde que llegó le fue difícil, los peruanos comenzaron a tratarla mal, a ofenderla.

Durán primero llegó a Lima, capital del país inca, donde permaneció dos meses laborando en un auto lavado que le pagaba menos de sueldo mínimo establecido en ese país  y trabajaba 12 horas al día.

Posteriormente, se fue a la Selva en Uchiza, uno de los cinco distritos que conforman la Provincia de Tocache en el departamento de San Martín, donde trabajó en un restaurante que la explotaba laboralmente.

“Trabajaba de 18 a 20 horas, dependiendo del movimiento en el restaurante porque el señor no quería cerrar, él quería que todo el tiempo estuviéramos trabajando”.

Relató que el dueño del restaurante le había ofrecido de 300 a 350 soles semanales dependiendo de las ventas pero lo único que recibió por un mes fueron 180 soles.

“La primera semana nos decía que esta primera semana las ventas estaban bajas y que no tenía para pagarnos, la segunda semana nos decía que todo el dinero lo había invertido, que para la otra nos pagaba mejor, entonces, al final con tantas discusiones y tantos problemas que había dentro del restaurante nos salió con 180 soles y que no tenía más”.

En Venezuela la Ley Orgánica del Trabajo, Los Trabajadores y Las Trabajadoras (LOTTT) le otorga beneficios a la mujer que se encuentre en estado de gestación.

El artículo 333 es muy protector y reza que: “La trabajadora en estado de gravidez estará exenta de realizar cualquier tipo de tarea o actividad que pueda poner en peligro su vida y la de su hijo o hija en proceso de gestación”.

Al mes de trabajar en el restaurante se devolvió a Lima donde comenzó a laborar de niñera y vendiendo en la calle: bomba, café y chocolate, para reunir algo de dinero y poder regresar a Venezuela.

Expresó que en tierras peruanas se encontraba sola y con “el peso de trabajar de lunes a lunes sin descanso”, dado que solo dormía 4 o 6 horas como máximo.

Al momento de comunicarse con su familia, que se encontraba en Venezuela, les decía que ella estaba bien para no angustiarlos.

“Yo al principio les decía que estaba bien, no quería preocupar a mi familia, pero nadie esta bien, nadie esta bien allá, todos llegamos durmiendo en el piso y comiendo mal”, confesó.

En otro país y embarazada fue lo peor que le pudo pasar a Durán, porque la explotaban laboralmente y no tenía como pagar las costosas consultas médicas que son fundamentales para una mujer en estado.

“Para poder hacer una consulta más el eco me salía en 100 soles, era costosísimo y yo sola”, describió.

Iba a cumplir cuatro meses de embarazo cuando tomó la decisión de ir a la Embajada de Venezuela, en Perú, a pedir ayuda para ser repatriada lo más pronto posible.

“Fuí a pedir ayuda a la embajada para que me mandaran a Venezuela, yo me sentía muy mal, tenía una presión demasiado fuerte por todo lo que estaba pasando (…) Lo que se vive allá no es nada bueno, nada bueno”, relató.

Señaló que al dirigirse a la embajada la colocaron en una lista por lo que solo le quedaba esperar, sin embargo, en un momento se desilusionó porque no veía respuestas y mientras esto sucedía, su embarazo iba avanzando perdiendo las esperanzas de retornar pues ya no podría montarse en un avión por su estado de gestación.

“Cuando me dijeron que iban a hacer todo lo posible por dejarme subir al avión, fue una emoción demasiado grande, no tenía palabras para agradecerle a la embajada, a la cancillería”, rememoró.

Comenta que el recibimiento fue algo inexplicable, pues en Perú muchas veces se le bajaba el ánimo por todo lo que estaba pasando y pensaba que volvería a su país de origen el próximo año.

“Nunca tuve miedo de volver, más bien sentía mucha felicidad al volver, igual que todos los que veníamos en el avión”, expresó con alegría.

Describió que la reincorporación a la sociedad venezolana  ha sido maravillosa y se encuentra contenta por la estabilidad que tiene en su país de origen y por estar al lado de sus seres queridos.

“Eso si tenemos los venezolanos, los venezolanos tenemos esa humanidad de que no somos discriminativos, somos más de unión, aquí estamos bien, estamos felices, estamos contentos, estamos estables”, manifestó.

Al ser consultada si viajaría de nuevo a Perú, afirmó de manera muy contundente que: “no, ni de vacaciones volvería allá”, y agregó que se arrepiente de haber dejado su país por la promesa de una economía estable, cuando en realidad lo que abandonó en la Patria de Bolívar fue “el paraíso”.

Por: Scarlett Kirian Rodríguez

Fuente: AVN

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