Rosa Luxemburgo fue una teórica marxista polaca de origen judío que tuvo una activa participación política en la doctrina socialdemócrata y es conocida por su férrea oposición a la participación de los socialdemócratas de su país en la Primera Guerra Mundial porque consideraba que ese era un «conflicto entre imperialistas».

Nació en un pequeño pueblo llamado Zamość, cerca de Lublin, en 1871, cuando Polonia era parte del Imperio Ruso, fue hija de Eliasz Luksenburg III, un comerciante maderero de Varsovia y de Line Löwenstein, una ama de casa. Fue la quinta hija del matrimonio.

Su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios que imperaban contra las mujeres en ese entonces, y pese a la discriminación antisemita que existía en Europa contra los judíos.

Fue una de las grandes revolucionarias del siglo XX y una de las fundadoras de la corriente de pensamiento del socialismo democrático. Líder del Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia, también militó en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Rosa Luxemburgo, pacifista convencida, formó parte de la oposición interna en el SPD, que, en ese entonces difundía centenares de miles de folletos para movilizar a la población contra la guerra. Después de la Revolución Rusa de octubre de 1917, Luxemburgo reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y su supresión de los partidos rivales.

Para Rosa Luxemburgo, la política tradicional en una época de dominio burgués era asunto de políticos profesionales que actuaban exclusivamente en el interés de una parte de la sociedad con el fin de obtener y asegurarle privilegios económicos y culturales. Fue sentenciada a cárcel en varias ocasiones por insultar al emperador Guillermo II de Alemania y por promover posiciones antimilitaristas en sus artículos.


El 15 de enero 1919, Luxemburgo y su coideario Karl Liebknecht fueron asesinados en Berlín por los soldados que reprimieron el levantamiento. Sus cuerpos fueron arrojados a un canal. Estos asesinatos desataron una ola de protestas violentas en todo el país, que se extendió hasta mayo 1919, y cuya represión militar provocó varios miles de muertos.
Esa división de la izquierda alemana también explicó por qué uno de los movimientos obreros más grandes en la historia mundial no fue capaz de frenar al fascismo que tomó el poder 14 años después de la muerte de Rosa Luxemburgo.

Con la muerte de Rosa Luxemburgo se enterró la esperanza de un camino diferente para Alemania y Europa.

Los años 1918/19 parecen lejos hoy en día, cuando la clase trabajadora europea muestra una clara tendencia a la derecha, pero la vida y muerte de Rosa Luxemburgo lleva en sí una multitud de lecciones y esperanzas.
Prensa Inamujer /fotos archivos de internet

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